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Pesadillas.

Abro los ojos de repente, el corazón me palpita, intento respirar hondo y me doy cuenta de que ya no sigo soñando, me desperezo, aún es noche cerrada, permanezco un momento quieta y me reincorporo en el sofá, la luz de la farola que da al mirador de mi salón está parpadeando, en el televisor el sonido está quitado y la teletienda inunda la pantalla, la apago, me estremezco, tengo miedo, la pesadilla que acabo de experimentar ha sido terrible otra vez más, su reiteración me recuerda que los hechos no van ligados inherentemente a lo onírico, hay más, hay realidad, una realidad demasiado cruel para ser aceptada. Me levanto y me dirijo hacia la cama, Jorge duerme como un bebé, en el suelo yace su MP3, cayó allí mucho después que su dueño en brazos de Morfeo. Me acuesto, miro el reloj despertador y me doy cuenta de que aún me quedan un par de horas antes de que su infernal ruido empiece a invadir la habitación indicándome que la noche ha acabado, que hay que volver a la rutina del trabajo un día más. Rutina, bendita rutina que me salva la vida, no podría vivir sin ella, si se rompe me vacío, vuelvo a tener miedo al pensarlo. Intento conciliar el sueño, pero mi mente me traiciona, no quiere que duerma, no quiere más pesadillas. Doy mil vueltas en la cama, Jorge se remueve y se despierta al fín:
- ¿Qué te pasa Candela?
- Nada sigue durmiendo cariño.
Un ronquido difuso me indica que ha obedecido enseguida. Vuelvo a cerrar los ojos. Intento imaginar algo positivo, pero todos los pensamientos me conducen a lo mismo, mi pesadilla, no puedo evitarla, me persigue a cada momento, de día de noche, ya no sé qué hacer, si pudiera aniquilarla.
Agotada acabo durmiéndome, pero no hay gritos, no hay dolor, no hay confrontación en mi sueño ahora. El despertador acomete su labor a las siete y media en punto. Hora de levantarse. Abro los ojos, me desperezo y esta vez con menos esfuerzo soy capaz de sonreir. Jorge desde su rincón de la cama me mira dulcemente y me devuelve la sonrisa, esa que me alimenta el alma cada mañana. Hoy sí puedo continuar otro día más. De noche volverán las pesadillas y los fantasmas, tal vez.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Las pesadillas, compartidas se llevan mejor; tal vez debas contarla...
Duna ha dicho que…
Me ha gustado el relato Arual, desconocía esa faceta tuya.

La curiosidad me lleva a imaginar qué es lo que malsueña. Si con la sonrisa de Jorge Candela puede aguantar otro día...¿qué pesadilla reiterativa tiene Candela?
Arual ha dicho que…
Juan: Si se cuentan permanenecen mucho más tiempo vivas, ¿no? O tal vez al hacerlo salen de la mente y desaparecen. No sé..

Monologuista: Pues sí en mi blog anterior (el de Myspaces) ya inserté algún que otro relato puedes verlos clicando a la derecha de mi blog en la sección MIS SITIOS FAVORITOS DE INTERNET en uno titulado MI ANTIGUO ESPACIO, voy escribiendo de vez en cuando, me gusta, pero no tengo aún excesiva soltura, en cualquier caso me alegra que te haya gustado otro rato contaré el desenlace de la pesadilla de Candela, que desde luego no es ni Jorge ni su sonrisa.

Saludos!
Fernando J. López ha dicho que…
la ausencia de rutina, supongo, podría volvernos locos... a mí, lo confieso, las vacaciones recién estrenadas de profe de instituto se me hacen complicadas: demasiado tiempo para enredarme en mis fantasmas... demasiados fantasmas para no tropezar con todos ellos
más besos!
3'14 ha dicho que…
Cuando la pesadilla toma el control y se apodera de nuestra mente y voluntad es cuando empezamos a tener problemas, por lo demás, creo que incluso, de vez en cuando, son necesarias.

A ver, a ver, que le pasa a Candela ;)
Anónimo ha dicho que…
Hoy tuve una:
Estaba huyendo en compañía de una mujer (la prota de Diamantes Sangrientos)... llegábamos a un piso viejo, en un pueblo que combinaba costa y montaña con unas ruinas romanas...
entrábamos y echábamos el cerrojo... mirando por la mirilla se veía a 2 tipos (militares o g.c.) que se quedaban haciendo guardia.. esperando... el tiempo pasa, una noche.. no podemos salir por las ventanas... miramos y parece que no están.. abrimos y aparece un enorme perro san bernardo (que no sé cómo pero sé que es del dueño de la casa)...
Primero tengo miedo, pero al acercarse el perro parece que le caigo bien.. lo acaricio y me obedece.. ¿será mi perro y mi casa y no me entero?

Salimos y aparecen los militares.. el sanbernardo se les echa encima y me da tiempo a escapar, pero solo...entre las calles del pueblo hay mucha gente... hay ruinas, un viaducto romano y casas en ruinas... me acurruco entre la paredes destrozadas de una y espero.. solo, a que la chica haya conseguido escapar también...

No será tan terrible como la tuya... quizás si las presentamos puedan llevarse bien.

Salud!
Arual ha dicho que…
Cinephilus: Cuánta razón tienes qué buena es la rutina porque cuando se rompe normalmente es por algo malo, con excepción de las vacaciones, claro está que para los de tu sector son muchas y muy largas, ya lo sé, pero para el resto de los mortales no, y te juro que pasan volando.

Pi: Buff las pesadillas no creo que sean necesarias, a mí dame un dulce sueño, o mejor dame dormir de un tirón sin despertarme ni un ápice, y soy la mujer más feliz del mundo.
Ojalá Candela pudiera dormir....

Juan: Ostras la tuya es..... terrorífica!!! Menos mal que la dejaste salir, escapó y ahora se encuentra a miles de kilómetros de tu casa, tenlo por seguro, :)

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