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La resaca.

Sí, debo deciros que aún me dura cierto malestar físico por los excesos festivos acometidos este fin de semana largo. Y es como a veces soy un poco brutica, es lo que tiene ser de pueblo, y en particular de uno como el mío, pues no me conformé con salir sólo en Nochevieja, sino que también lo hice el día anterior, y claro una no tiene ya la costumbre que tenía, el cuerpo ya calza 30 tacos, y nada es lo que era. Pero bueno hoy no quiero hablar de los perjurios que llevo lanzando desde hace 24 horas sobre mi persona y mis malos hábitos nocturnos, no quiero escribir sobre esa resaca sino sobre otra, la que me provocaron algunos de los acontecimientos del último fin de semana del 2006. Y es que el sábado por la mañana amanecí, como imagino casi todos los españoles, con mis pequeñas preocupaciones diarias: felicitar el cumpleaños a un amigo, volver a pensar con detenimiento qué me iba a poner para la cena de Fin de Año (en esta ocasión iba de restaurante con los amigos y había que acudir muy elegante), hacer unas compras con mi madre, rutina y más rutina, mi acomodada rutina, nada más.Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando al conectar el televisor al mediodía en todos los informativos sólo dos noticias acaparaban los contenidos: el atentado de ETA en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas y la ejecución de Sadam Hussein. Sinceramente debo confesaros que me quedé helada, y no precisamente por el ajusticiamiento del dictador iraquí, que hizo que finalmente fueran tres de su calaña los que la palmaran en el año que nos dejó el domingo, sino por la ruptura de la tregua de la organización terrorista vasca y la muerte de 70 personas en Irak en otro atentado de los que pueblan a diario la zona, fruto y consecuencia de la muerte del ex-líder iraquí. La vuelta a las armas de ETA, y con ella la quiebra de un proceso de paz que si bien estaba ya muy desgastado como así lo confirma su desenlace, era una bocanada de esperanza para todos los españoles, y en particular para el pueblo vasco, fue un duro golpe. Justo unos pocos días antes en un curso al que asistí por motivos laborales, la profesora, guipuzcoana de pro, tomando café nos habló de la preocupación que le había causado el robo de las armas de ETA y el ambiente que se respiraba desde entonces en su tierra. A mí aquella conversación me dejó bastante inquieta. Ya imaginaba hacía tiempo que la cosa no iba por buen camino pero sí que he de confesar que la esperanza es de los últimos sentimientos que deben perderse y que cuando pienso en el problema del terrorismo me gusta intentar tenerla presente, mirando al espejo irlandés por ejemplo o creyendo que el diálogo iniciado podía tener un buen fin. Pero es evidente que me equivocaba y que quizá sea verdad aquello de que no se puede dialogar con los violentos. Tal vez el final del camino sea más oscuro de lo que mi mente es capaz de imaginar.

Y más si pienso en la otra noticia estrella de aquel día: la muerte por ahorcamiento de Sadam Hussein y sus consecuencias sangrientas. Y es que medio mundo se turbó al ver la imagen de aquel ser despreciable con carita de no haber roto en su vida un plato pocos minutos antes de ser ajusticiado, pero yo en aquel momento en lo único que fui capaz de pensar fue en las consecuencias de aquel acto, y en el dolor que aún fue capaz de generar aquel dictador pocas horas después con el atentado perpetrado por los seguidores de Sadam en Bagdad y en el que perdieron la vida 70 personas, y el sufrimiento que aún seguirá provocando mucho tiempo después de su muerte. Porque Irak ha sido tocado y hundido. Primero por un dictador despótico, después por una guerra injustamente iniciada por otro país que sólo entiende de imperialismos y finalmente por una reconstrucción que me temo va demasiado ligada a intereses económicos y nada influenciada por el verdadero valor de una nación, las personas que lo pueblan. Tal vez mi primer post del 2007 no haya estado cargado de la energía y el positivismo que merece la ocasión pero es que los acontecimientos que han rodeado este cambio de año tampoco han sido lo buenos y esperanzadores que todos habríamos deseado. Sólo me queda finiquitar mi entrada con un deseo fehaciente de que los 363 días que queden no nos dejen tan mal sabor de boca a los que como yo vivimos inmersos en nuestra acomodada rutina y sobre todo que a los que sufren cada día les dejen vivir en paz.

Comentarios

3'14 ha dicho que…
La báscula la tienes precintada, ¿no? jejeje ¡No te acerques a ella!

A día dos, una ya ha tenido sus malos momentos, pero voy a tratar de pasarlos por alto y quedarme con lo bueno, a sonreir, así, aunque mi interior fuera un infierno, el mundo gozará de alegres risas. Realidad ilusoria, pero parece ser que para que este funcione es lo que se necesita.
Arual ha dicho que…
No Pi hasta el 8 de enero no la saco de su escondite... bufff ya veremos qué pasará cuando lo haga.
Por cierto me gusta eso de la realidad ilusoria, por eso he insertado el siguiente post.
Besotes guapa!
Anónimo ha dicho que…
si te fijas lo largo y sangriento que ha sido el proceso de paz en Irlanda, verás que aún quedan esperanzas, aunque la moral está tocada...
A mi no me quitan las esperanzas unos locos con bombas y unos ineptos acosados por unos furiosos vengativos.
Salud!
Arual ha dicho que…
Como has podido leer en mi post yo no veía nada claro tampoco que esta tregua fuera a durar mucho más y menos que fuera para siempre, pero hasta que no pasa, hasta que no sucede, hasta que el sábado 30 no me enteré de la noticia, pues como que sigues confiando en el proceso de paz, aunque éste esté lleno de grietas y malherido.
En cualquier caso Juan tu actitud es la mejor, no perder la esperanza.
El hermano de una compañera de trabajo ha perdido el coche en el atentado. Estaba de vacaciones en México y al suceder todo ya le avisaron porque él volvía a España el domingo. Afortunadamente pudo alquilar un coche ese mismo sábado para regresar a su casa al día siguiente ya que el domingo Barajas era un auténtico caos. Su conclusión positiva: sólo era un coche, habría podido ser él o algún miembro de su familia. Y es así podría haber sido mucho peor.
Saludos!

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