
Todo empezó el jueves pasado, servidora se disponía a salir felizmente con su maravilloso coche nuevo de tan sólo dos meses de antigüedad de su plaza de aparcamiento en la empresa cuando echándo grácilmente marcha atrás, por describirlo de algún modo, se encontró un molesto objeto sí identificado como CNCT (coche nuevo de compañera de trabajo, también de dos meses de antigüedad) que operaba del mismo modo, al mismo tiempo y en la misma dirección, produciéndose al instante un choque poco conveniente entre ambos vehículos. Después de un par de desaforados gritos, varias muestras de ánimos encendidos y unos cuantos improperios fuera de lugar, mi compañera y yo rellenamos un parte "amistoso" (ironías de la vida) de accidente y nos despedimos. Finalizado dicho angustioso trámite, y aún no acabando de creer demasiado que mi coche tenía un horroroso "bollo" en la parte trasera me dispuse a notificar a mi cuidadoso marido tal horrible noticia. Aún tengo molestias en el oído derecho del grito que me ladró por el móvil, y con razón, no es la primera vez que estreno un coche de ese modo y con tanta premura, no sé si me explico. En fin que tras una breve crisis matrimonial pasajera, nada que no se arreglara con unas pizcas de amor bien dosificadas y muchísima flexibilidad, no física, malpensados, de la otra, he llegado a este jueves, o sea hoy. La mañana ha amanecido con niebla como muchas otras de este extraño mes de enero, ha sonado el despertador, me he desperezado diez minutos como siempre esperando a que algo maravilloso sucediera y en vez de ser día laborable áquel fuera un despertar de día festivo, y nada, no ha habido suerte. Me he levantado y al ir al baño y tirar de la cadena, ups, sorpresa, en mi edificio habían cortado el agua, mal empezamos me he dicho a mi misma y a mi somnoliento marido que empezaba a deambular cual zombi de peli de serie B en aquel instante por la habitación. Así que hemos pasado al plan de emergencia, ir a casa de mi estimada suegra a ducharnos y adecentarnos. En medio de la odisea y mientras íbamos en el coche de mi marido porque el mío está en el taller, reparándose, como no, he recibido una llamada al móvil de mi jefe en la que me pedía que convocara una reunión urgente para las nueve y media (su secretaria personal está de baja y yo soy según él su mano derecha aunque yo más bien creo que soy su comedora de marrones oficial y punto), al tiempo que me dictaba a toda mecha la lista de asistentes, sin que yo pudiera apuntarlo en ningún sitio y teniendo que usar mi prodigiosa memoria como libreta improvisada, jops me sentía como la pobre Andrea en manos de la malévola Miranda en EL DIABLO SE VISTE DE PRADA, pero con mucho menos glamour, por parte de mi jefe, jeje, claro está. Este hecho, que ha dejado bien clarito que había llamado al depacho comprobando que no estaba yo allí -él tampoco pero tiene unos horarios flexibles a más no poder, y como es el jefe, se aceptan y punto- y constataba mi tremendo retraso, ha desencadenado uno de esos días laborales en los que hubiera sido preferible hacer pellas como en los años estudiantiles, quien tuviera quince años, no, pues ala cual quinceañera me voy a olvidar de estos jueves no de cine abandonándome a lo superficial y banal, o sea, disfrutando de OT. Buenas noches!
Comentarios
Buen fin de semana!
Yo siempre odié los lunes, y pensaba que la mayoría de la gente también, pero ahora ya veo que no.
Un beso, Arual, y prepárate porque dentro de una semana llega otro jueves ;)
No importa que sea martes o jueves, siempre hay días que amanecen mal, y algo se tuerce en nuestro interior, y eso es lo que hace que a partir de ese momento todo sea de un modo distinto.
Animo!