
Ella juega con su pelo, enreda y desenreda un mechón nerviosa y cierra los ojos esperando que llegue el momento. Salió sigilosa de su cáscara protectora hace un buen rato, sin que nadie se percatase, en silencio, en secreto, sin dejar huellas, para ir en su búsqueda. No hubo ni una cita previa, ni tan sólo un mensaje, nada, ella está segura de que lograrán estar juntos una vez más porque hoy es su día de la suerte, sencillamente. Él se acerca y mientras lo hace no puede dejar de pensar en aquellos inmensos ojos, sabe a ciencia cierta que restan pocos minutos antes de que los suyos vuelvan a conectarse a ellos. Camina con paso ligero hacia su destino, un destino ubicado en ninguna parte, un destino al que sólo se puede acceder a través de los sueños. Tampoco él obtuvo ninguna señal, aquella unión es fruto mismo del azar, de la casualidad, del destino, de los designios de quien un buen día decidió que ambos debían conocerse.
Por fin él la ve, ella nota su presencia, él toma su cintura con delicadeza y la besa, con dulzura, sin temor, porque sabe que aquellos besos no atan, sólo dan alas para volar, volar juntos. A partir de ahí transcurriran instantes especiales, maravillosos, imborrables, se olvidarán de todo, de sus problemas, de su cotidianeidad, serán uno solo, se dejarán arrastrar por la intensidad de la felicidad fugaz que se regalan mutuamente cada segundo que pasan juntos.
Después llegará el momento de la despedida, uno de los dos tendrá que anunciar, con profunda pena en su corazón, ese temido y odiado momento del adiós. Nunca será un hasta luego, ni un hasta siempre, nunca concretarán. Para ellos no hay coacciones, ni imposiciones, ni condiciones, su relación se basa en la libertad, un principio básico, necesario, imprescindible. Así pues siempre se despedirán con la esperanza de volver a encontrarse. Sus mundos les esperarán y cuando en el reloj del campanario toquen las doce en punto del miércoles sus caminos se separarán pensando ya en el momento de volver a cruzarse.
A partir de ahí todo lo demás será otra historia...
Comentarios
Hay veces que la vida nos plantea situaciones verdaderamente complicadas.
He de suponer que uno esta casado, o los dos. O que ella en menor de edad, (que es por lo que mas me declino) puesto que sale "de su cáscara protectora".
Bueno, sea lo que sea, me ha gustado mucho.
Besos.
Y es que siempre me han gustado las historias complejas con finales abiertos, si, porque la vida no es sencilla y porque estoy convencida de que la felicidad se sustenta de pequeños grandes momentos, simplemente.
Besos Mae!!!
Me quedo con las versiones, como la tuya, más cercanas; pueden basarse en R+J, pero tienen algo más actual. Mae lo vio, pensó en una historia de nuestro tiempo. Yo también.
Yo me imagino, por ejemplo, el amor entre una judía estilo Noa, militar, y un palestino yihadista.
Salud, arual!
Amen a todo, que me ha hecho llorar.
Mari: Me emociona en serio saber que te emocionó tanto el relato, supongo que hay historias y sentimientos que son universales y que al escribirlos o al leerlos podemos hacerlos nuestros sin más, un beso guapa!!