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London calling (Chapter three)

Y es que Londres es mucho Londres. Uno no acaba nunca de degustarla al completo, de vivirla, de abarcarla con ambos brazos, hace falta comer muchos espinacas para ello, tiene una fuerza brutal esa ciudad, que te atrapa y te engancha por completo. Por eso al salir del museo de cera, y haciendo caso omiso al cansancio que empezábamos a notar en nuestro cuerpo, seguimos pateando la ciudad. Y así fue como nos plantamos en la famosa Picadilly Circus.

Y desde allí a seguir callejeando por Oxford Street, Regent Street, incluso la zona del Soho con su emblemática calle, Carnaby Street. Era viernes tarde noche y el ambientillo estupendo. Además hacía un tiempo espléndido.

Cenamos por la zona y luego declinamos la idea de pillar el metro para volver al hotel, nos apetecía seguir descubriendo nuevos rincones y por eso paseando paseando nos topamos con Trafalgar Square. Allí se estaba representando un vistoso espectáculo de baile y nos quedamos junto a la multitud embobados observando a las curiosas bailarinas volantes que se movían gráciles alrededor de la estatua de Nelson, que debía estar la mar de entretenido en aquella bonita noche de agosto.

Y tras observar un buen rato la curiosa danza aérea nos decidimos a volver al hotel. Había que descansar. Una nueva jornada llena de sorpresas nos esperaba al amanecer. Y las primeras de la lista fueron la Torre de Londres y el puente más típico de Londres, que curiosamente no es el Puente de Londres, sino el Puente de la Torre, ufff, qué follón de "palabros"!

Y seguimos con el Monumento, que vaya chorrada de monumento, con perdón, y la St. Paul's Cathedral, cuya cúpula había avistado a lo lejos dos días antes desde lo alto del London Eye.

Pero lo mejor estaba por llegar aquel sábado y es que después de la jornada cultural matutina nos dispusimos a conocer uno de los barrios más cinematográficos de la ciudad, Notting Hill, y su encantador y famoso mercado sito en la larguísima y abarrotada Portobello Road.
Mi fiebre consumista sufrió un subidón de los que hacen historia, para luego alcanzar su climax en el posterior garbeo por Top Shop en Oxford Street y otras tiendas colindantes. Mi VISA resoplaba. Mi marido palidecía. En cualquier caso nada tan grave que una cena con posterior noche romántica no pudiese arreglar. Y así nos plantamos en nuestro último día en la ciudad del Támesis. Las últimas horas las pasamos aprovechando al máximo el tiempo en la ciudad, un último garbeo por la zona de Westminster nos sirvió para fijar en nuestra retina algunas inolvidables imágenes como ésta con la que despido este post y esta interminable crónica de mis vacaciones parisino-londinenses de agosto. Bye bye!

Comentarios

Juan Rodríguez Millán ha dicho que…
Nada mal el viajecito, nada mal... ¡Qué envidia, je, je...!
Mer ha dicho que…
Yo he estado en Londres 26 días en dos viajes distintos y solo llovió 2.
A ti también te tocaron días buenísimos! Para mí que lo del tiempo es una leyenda urbana de los propios ingleses para que no se le llene la ciudad de turistas.
Mánda más fotos por mail jijiji.
Arual ha dicho que…
Juan R: Nada mal desde luego, así que ya sabes, anímate!

Mer: En cuanto pueda te mando alguna fotico más al mail. La verdad es que tuvimos suerte con el tiempo en Londres, todo lo contrario que en París, pero todo bueno no iba a ser, jeje!
Raquel ha dicho que…
Ayyyyy, mercadillo, meracadillo, mercadillo... qué peligro!
Arual ha dicho que…
Sí Raquel qué perdición los mercadillos!!!

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