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Tener un niño de cinco años en casa.

Mi mayor ya no es un bebé, para nada, hace tiempo que dejó de serlo. Es un niño de cinco años maravilloso que en junio cumplirá seis. Y digo maravilloso porque me encanta la edad que tiene y lo bonito que resulta convivir con alguien así en el día a día.

Esta edad es fantástica, conversar con mi mayor es uno de los placeres más grandes que tengo en mi vida. Su imaginación desbordante me fascina, y yo que sigo siendo una niña soñadora aún ahora con casi cuarenta años, no me canso de escuchar sus historias, sus inventos, sus ideas, qué grande es la mente de los niños, y cómo la echamos a perder la mayoría de las veces en la edad adulta. Jugar con los Playmobil es su actividad favorita mientras está en casa, de hecho es su prioridad, y allí se monta sus películas y sus historias y si me pongo a jugar con él, ahí ya no tenemos fin. No sé cual de los dos se lo pasa mejor. Pero también nos encanta ver mis películas de la infancia (sobre todo las ochenteras, la trilogía de Regreso al Futuro, Los Goonies, ET, etc.) u otras más nuevas de animación, y después comentarlas o representarlas con los "clicks".

En el tema de las comidas me da un poquito que hablar, sobre todo para comer verdura, pero la verdad es que es un niño con el que se puede razonar muy bien así que con mis explicaciones sobre lo saludable que es comerla habitualmente siempre consigo que se meta su ración diaria entre pecho y espalda sin dramas. El fin de semana y más si estamos en el pueblo "guarrea" más pero la verdad es que yo soy adulta y también lo hago.

En el tema del sueño tampoco hay problema, le acompañamos a la cama su padre o yo, ya que leemos juntos cada noche un cuento y luego hablamos de nuestras cosas, y después de un ratito juntos apagamos la luz y le cerramos la puerta para que duerma bien y no tenga que oír a su hermanito por la noche cuando se despierta y llora. Como nunca hemos forzado el tema del sueño es un niño que duerme perfectamente seguro y tranquilo. Y si es fin de semana y estamos en el pueblo donde contamos con dos camas de matrimonio grandes sabe perfectamente que puede elegir dormir toda la noche con papá o mamá sin problemas. En nuestro piso la posibilidad también existe pero entonces tenemos que hacerlo en su cama de 90 y él es el primero que no quiere porque dice que falta espacio y se agobia. A no ser que esté malito, entonces nos apretamos y listo.

El tema del control de esfínteres nocturno aún está ahí pendiente. Realizamos el protocolo de hacer pipi cada noche antes de acostarnos pero la verdad es que muchas noches aún se le escapa un poco así que duerme cada noche con pañal para estar más tranquilo, él y nosotros. No tengo prisas de ningún modo. Sé que es un proceso natural que debe conseguir por si mismo.

Como nota discordante, no puedo olvidarme que existen los celos por su hermano pequeño. Ese fantasma nos acecha día sí día también pero he de decir que lo estamos capeando mucho mejor de lo que imaginaba. El peque adora al mayor y el mayor al peque. El amor de hermanos es inmenso y eso facilita mucho las cosas. Mi trabajo de fondo también contribuye a dar sus frutos. Yo soy y fui hermana mayor, entre nosotras además aún hay una distancia de edad mayor, siete años en concreto, y apelando a mi experiencia y también a mis recuerdos intento transmitirle al máximo a mi mayor lo genial que es tener un hermano más chico. Viajo en el tiempo hasta aquellas interminables tardes de juegos con mi hermana en el salón o en la bañera, y como mi madre nos llamaba para recoger y cenar y nosotras no veíamos el momento de poner fin a nuestra diversión. También recuerdo salir con mis amigas a dar una vuelta ya más mayor y que mi hermana nos acompañara muchas veces. Me encantaba tenerla cerca. Aún ahora adoro tenerla cerca. La quiero con locura. Y todas esas buenas sensaciones las cuento y las explico a mi hijo porque quiero que él pueda vivir algo así con su hermano, porque es algo fantástico que no se puede perder. Le explico que si le enseña a jugar con él su diversión se multiplicará por mil, y que aunque ahora es demasiado pequeño para hacerlo como él desea poco a poco irá imitándole a él, aprendiendo, y los dos disfrutarán al máximo.

En definitiva que me encantan los cinco años de mi hijo, bueno que adoro a mi hijo como siempre lo he hecho, pero esta fase que estamos viviendo ahora la estoy disfrutando muchísimo.


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