Os dije que os lo contaria y os lo voy a contar. Yo ya no salgo de noche mucho por ahí, de día más que nunca, pero cuando se pone el sol "na de na", sobre todo desde que nació mi retoño. Se puede salir igualmente, se puede beber, claro que sí, se puede perder el "oremus", vale, pero el día después y la resaca nada tienen que ver, y ya no es por la edad, no, que nadie os engañe, es porque aguantar las ganas de jugar, gritar y saltar de un pequeñajo de 14 meses con el dolor de cabeza que provoca una noche de cubatas y chupitos a gogó es una verdadera pesadilla. Y tampoco es de recibo que mi niño tenga que soportar el careto de sus padres, digno de los figurantes "zombie" de la serie DEAD SET emitida este verano en C+. Así que lo de salir de copas ya ha perdido parte de su encanto la verdad.

Aquí además lo tengo complicado, sólo cuento con mi suegra de canguro y ya me hace miles de favores en los días laborables con lo que no quiero abusar en festivos. También me da pereza contratar a alguien que no sea de la familia, primero tengo que conocerla, cogerle confianza y a mí todo eso me da una pereza terrible, así que paso.
En el pueblo es distinto, me sobran los canguros, mi familia ve poco a mi hijo y se mueren por estar con él, primer hijo, primer nieto, ya se sabe. Así que estas fiestas no lo tenía complicado para salir alguna que otra noche. Traté de planficar un poco el asunto y decidir qué días saldría "a muerte" (pillemos el concepto entre comillas que ya no tenemos el cuerpo para muchas jotas) y qué días me llevaría al nene a cenar con nosotros en la peña (allí ya lo tenemos montado para ir con o sin niños, es lo que tiene estar todos ya en la treintena y algunos con la cuarentena pisando los talones) y recogeríamos temprano.
Contrasté con mis amigos el plan y finalmente el calendario quedó así: saldríamos el primer día, el segundo descansaríamos, el tercero volveríamos a salir, el cuarto no y el quinto y último vuelta a las andadas.
Y empezaron las fiestas mayores. El primer día cumpliendo lo planificado salimos y vaya si salimos. Fiestón con mayúsculas y resacón proporcional al día siguiente. Juré en arameo que no volvería jamás a hacerlo y superé la jornada a trompicones. El segundo día descansé, Dios lo hizo el séptimo pero él es Dios, yo soy sólo Aru. El tercero, ya olvidado el malestar sufrido por la juerga del primer día decidí repetir y seguir el plan inicial. Mi madre se ofreció a hacer de canguro pero mi suegra me comentó que como ya había salido con sus amigos el día anterior se prestaba a hacerme el favor ella misma. Para no hacerle tan pesado el trámite nos llevamos al niño a cenar con nosotros en la peña y le comentamos que se lo llevaríamos un poquito más tarde y ya con el sueño pillado o a punto de pillar.
En el primer plato sonó el móvil. Mi suegra nos comentaba que iba a quedarse a picar algo por ahí con sus amigos, que llegaría pronto a casa, sobre las diez y media, y que lleváramos a esa hora al peque. Así lo hicimos. Era perfecto porque para entonces ya habíamos acabado de cenar y la gente empezaba con la tertulia, el café y los primeros cubatillas. Llegamos a casa de mi suegra y nadie en el horizonte. El nene ya hacía veinte minutos que dormía en el carro. Y nos dieron las once, las doce y la una y las dos y las tres. Y con la madre de mi marido sin aparecer nos encontró la luna. Mi marido durmiendo en el sofá, apurando por no acostarse por si llegaba su madre y le daba aún tiempo de salir y yo durmiendo en mi cama, tras haber descubierto la serie de la que ya os hablé en el anterior post. A las tres en punto llegó un sms de mi amiga P. que transcribo a continuación: "¿Donde c--- (piiip) os habéis metido?". Respuesta enviada desde mi N5800 cinco segundos más tarde: "Echando un polvo, no te j--- (piiip)!". Una qué es irónica hasta de madrugada y con un cabreo del quince. Mi querida madre política llegó a las cinco de la mañana, el picoteo se ve que se alargó. El último día de fiestas evidentemente el peque se quedó en casa de mis padres.

Aquí además lo tengo complicado, sólo cuento con mi suegra de canguro y ya me hace miles de favores en los días laborables con lo que no quiero abusar en festivos. También me da pereza contratar a alguien que no sea de la familia, primero tengo que conocerla, cogerle confianza y a mí todo eso me da una pereza terrible, así que paso.
En el pueblo es distinto, me sobran los canguros, mi familia ve poco a mi hijo y se mueren por estar con él, primer hijo, primer nieto, ya se sabe. Así que estas fiestas no lo tenía complicado para salir alguna que otra noche. Traté de planficar un poco el asunto y decidir qué días saldría "a muerte" (pillemos el concepto entre comillas que ya no tenemos el cuerpo para muchas jotas) y qué días me llevaría al nene a cenar con nosotros en la peña (allí ya lo tenemos montado para ir con o sin niños, es lo que tiene estar todos ya en la treintena y algunos con la cuarentena pisando los talones) y recogeríamos temprano.
Contrasté con mis amigos el plan y finalmente el calendario quedó así: saldríamos el primer día, el segundo descansaríamos, el tercero volveríamos a salir, el cuarto no y el quinto y último vuelta a las andadas.
Y empezaron las fiestas mayores. El primer día cumpliendo lo planificado salimos y vaya si salimos. Fiestón con mayúsculas y resacón proporcional al día siguiente. Juré en arameo que no volvería jamás a hacerlo y superé la jornada a trompicones. El segundo día descansé, Dios lo hizo el séptimo pero él es Dios, yo soy sólo Aru. El tercero, ya olvidado el malestar sufrido por la juerga del primer día decidí repetir y seguir el plan inicial. Mi madre se ofreció a hacer de canguro pero mi suegra me comentó que como ya había salido con sus amigos el día anterior se prestaba a hacerme el favor ella misma. Para no hacerle tan pesado el trámite nos llevamos al niño a cenar con nosotros en la peña y le comentamos que se lo llevaríamos un poquito más tarde y ya con el sueño pillado o a punto de pillar.
En el primer plato sonó el móvil. Mi suegra nos comentaba que iba a quedarse a picar algo por ahí con sus amigos, que llegaría pronto a casa, sobre las diez y media, y que lleváramos a esa hora al peque. Así lo hicimos. Era perfecto porque para entonces ya habíamos acabado de cenar y la gente empezaba con la tertulia, el café y los primeros cubatillas. Llegamos a casa de mi suegra y nadie en el horizonte. El nene ya hacía veinte minutos que dormía en el carro. Y nos dieron las once, las doce y la una y las dos y las tres. Y con la madre de mi marido sin aparecer nos encontró la luna. Mi marido durmiendo en el sofá, apurando por no acostarse por si llegaba su madre y le daba aún tiempo de salir y yo durmiendo en mi cama, tras haber descubierto la serie de la que ya os hablé en el anterior post. A las tres en punto llegó un sms de mi amiga P. que transcribo a continuación: "¿Donde c--- (piiip) os habéis metido?". Respuesta enviada desde mi N5800 cinco segundos más tarde: "Echando un polvo, no te j--- (piiip)!". Una qué es irónica hasta de madrugada y con un cabreo del quince. Mi querida madre política llegó a las cinco de la mañana, el picoteo se ve que se alargó. El último día de fiestas evidentemente el peque se quedó en casa de mis padres.
Comentarios
Y, eso de tener que contar con terceros, como que no siempre sale bien, que te lo digan a ti, verdad??
Espero que al menos, tu suegra se lo pasara bien... jijiji.
Un beso Aru, y no te enfades, que no merece la pena, :P
Un besazo.
De todos modos yo también logré salir un par de días y me lo pasé de vicio.
¿Que no es la edad? Sí que es la edad.
Mi planteamiento festivo es similar. Me puedo acostar a la hora que quiera y como un piojo, pero habré de estar despierto cuando mis críos lo requieran y ellos no son culpables ni han de sufrir las resacas de su padre.
Y la edad influye mucho. Pero mucho. Trasnochar, madrugar, resaca, críos, correr...no. Imposible. Con veinte años yo jugaba a futbito tres horas después de haberme acostado y no precisamente sereno. Ahora, ni por asomo. Ya llegarás a la cuarentena, ya.
Tu suegra podría haber tenido el detalle de, almenos, haber llegado unos churritos, no? je,je
Greetings
A los 40 espero llegar en 7 años, mi marido llegará antes si no pasa nada, ya veré las consecuencias.
Para churro y gordo el mío Reverendo, mi suegra no trajo nada...
A principios de verano salí una noche, la celebración era precisamente que salía después de dos años. Eso sí, cada cuatro noches me paso cuatro más empalmando, como que no me meto en la cama hasta las 9'15 de la mañana como pronto, pero claro, no es lo mismo, una noche de fiesta no la resisto tan bien como una de guardia, y se supone que el alcohol te lo hace pasar mejor digo, el baile, la fiesta, la buena conversación entre amigos... Eh, eh! Quien ha dicho que yo bebo para pasármelo bien?? No, no, yo me lo paso bien bebiendo... este, no era así, uff que mal estoy quedando.
En cuanto a lo de tener que sufrir las criaturas las malas pulgas de los adultos a consecuenca de sus resacas pues qué mejor ejemplo para disuadirlos de beber en el futuro XD
Yo no sé, pero entre la edad, el niño y que ya no aguanto el alcohol como antaño lo de las saliditas nocturnas cada vez se me hace más cuesta arriba. Eso sí una buena fiesta de tanto en tanto siempre sienta bien al espíritu... juvenil se sobrentiende!