En junio de 2006 pensaba que estaba embarazada, había estado un puente largo de viaje por Alemania y al volver no me bajaba la regla, estaba asustada, muerta de miedo y lloraba sin parar. El predictor me sacó de dudas. Negativo como una casa. Respiré aliviada. Llevaba ya tres años casada y cuatro de convivencia en pareja pero mi instinto maternal era nulo. A puntito de cumplir 30 añitos no me veía criando a un bebé ni de lejos. Pasó mi cumpleaños y de repente algo cambió dentro de mí. Con la llegada de la tercera década de mi vida empecé a desear ser madre. Sucedió sin darme cuenta pero prometo que me dejó estupefacta aquel cambio. Viajamos a Madeira en agosto de vacaciones y empezamos a tener relaciones sin usar anticonceptivo. No pasaron ni dos meses cuando la cigüeña llegó y un test positivo me puso loca de contenta por Todos Santos. Llamé a mi madre gritando y la prudencia de mi progenitora me advirtió de que era demasiado pronto para cantar victoria. Hice caso omiso y seguí eufóri...
El mundo visto con humor, amor y mucha tolerancia.