Quedamos en la puerta del FNAC, no podía ser otro lugar. No hicieron falta indicaciones. Me viste. Te ví. Tú habías memorizado mi imagen mucho tiempo antes, yo ya te tenía grabado en mi mente y en mi corazón. Me sentí como en casa al escuchar tu voz, ese timbre cálido y amable que me reconfortaba y que resonaba en mi cabeza constantemente desde hacía ya un tiempo, y tu sonreíste al comprobar que la mía tenía la misma tesitura que tantas veces habías escuchado ya en el pasado, más en tu presente, puede que también en el futuro. Era esa voz. Dos besos. Un tímido abrazo. El momento más azul de nuestras vidas comenzaba a fraguarse. Y caminamos juntos. Rozaste mi mano. Me estremecí. Entramos en la tienda y yo te sorprendí con mi obsesiva fijación por la zona tecnológica. Tú fuíste mi guía en el aquel laberinto de libros. Siempre tan espontáneo, cautivándome con tus palabras, tus guiños, tus bromas, tu forma deliciosa de enamorarme, cada vez más intenso. Reímos, charlamos, no dejamos de mirarnos, queríamos pellizcarnos y comprobar que no nos encontrábamos ante un sueño, que por fin aquello era algo real, estábamos juntos. Salimos a la calle y tomamos rumbo hacia la izquierda, dirección Plaza España. Nos sentamos en una cafetería. Pedimos un par de cafés y seguimos hablando. Había poco tiempo y tanto qué decir. ¿Cómo podíamos parar los minutos? ¿Qué podíamos hacer para lograrlo? Más bien poco, sólo aprovechar los instantes de los que disponíamos, dejarnos llevar y seguir tejiendo con esmero, pasión y ganas aquel regalo que se nos había entregado en forma de día más intenso de nuestras vidas en las siguientes horas. Los dos sabíamos que después de aquello, tal vez no habría nada, o más, o quizás sólo quedaría poner voz, imagen e historia a nuestro secreto más especial, ese secreto azul, azul intenso.
El mundo visto con humor, amor y mucha tolerancia.
Comentarios
Dexter: Bufff si hubiera un FNAC en mi ciudad ya estaría arruinada, es mi debilidad esa tienda...