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Despertar de nuevo...

Abro los ojos de nuevo al mundo, despierto de una especie de ensoñación o pesadilla más bien, donde el mundo, mi mundo, se estaba desmoronando. Miro hacia mi alrededor y todo sigue bien. Mi sobrino es un bebé sano y regordete que no necesita estar conectado a una máquina y puede salir a pasear cada día por la calle. Nadie lleva mascarilla. No ha habido una avalancha de muertes inesperadas. Puedo abrazar a mi amiga después de un día duro para darle ánimo y nadie me mirará con cara de reprobación. Puedo planificar mi próxima escapada a un concierto, o mi próximo viaje, y no necesitaré un PCR negativo. No hay toque de queda. Puedo ver salir el sol. Comer una hamburguesa en la calle está bien. Hacerlo en una terraza también. No conozco el concepto distancia social. Lo más hidroalcohólico que tengo es el último gin tonic que tomé el sábado pasado. No hay pandemia. Y no he cometido ningún estúpido error. No he visto la cara B de la vida y no quiero verla. 

Pero desde mayo tengo una sonrisa  todavía más especial, viajé a mi isla, y allí estaba todo lo que necesitaba encontrar. De azul, reconfortante, lleno de todo aquello bueno que llevo años acumulando, 15 años ya... Me hizo más feliz y me sigue haciendo feliz. Y sé que mis viajes y mis islas no van a dejar de existir nunca. Me aferran a la vida y me aferran a la esencia de mi todo. 

Vuelvo para escribir mi sueño, porque es sólo eso un sueño en medio de esta noche oscura y profunda que está siendo 2020. 

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