viernes, 27 de marzo de 2009

Jumanji ikeano.

Recuerdo la sensación claramente, la sentí al memorizar los verbos irregulares ingleses y también la interminable tabla períodica de los elementos químicos cuando cursaba EGB, para las nobles juventudes que leen esto la antigua Educación General Básica. La información se arreplegaba tumultuosa en mi cerebro y éste emitía chispas invisibles y pequeñas que me provocoban un profundo dolor de cabeza, después algo se ponía en marcha de repente y plas todos los nombres y los datos quedaban insertados en mi cabeza para siempre, inamovilbes como mi suegra delante de la tele a la hora de la telenovela. Los extraños nombres del catálogo de IKEA, Jarpen, Hemnes, Lillesand, Leksvik, etc. etc. quedaron grabados a fuego en mi interior y me sentí preparada para entrar a matar, en un sentido figurado, claro está.
Pero lo que no recordaba ya -el hombre, en este caso la mujer, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, torpes que somos que le vamos a hacer- era lo horrible que podía se la tienda sueca de decoración por excelencia en un sábado cualquiera. Intentar aparcar, intentar entrar, intentar conseguir que un amable empleado y tal como organizadamente te indica la etiqueta preceptiva te atienda para poder preguntar cómo comprar el mueble que te gusta, intentar respirar, intentar comer algo decente en su cafeteria, intentar sobrevivir arrastrando uno de esos carros gigantes, intentar pagar en alguna de sus cajas, en definitiva intentar comprar algo. Menos mal que había dejado a mi peque a cargo de los abuelos porque sino seguro que alguien me denuncia tras leer este post de maltrato.
La próxima vez invito a J.J. Abrams y seguro que saca el guión de otra serie de éxito, en vez de LOST a secas algo así como LOST IN IKEA, con mi maridito y yo de damnificados protagonistas. Previously in LOST IN IKEA no sé que habrá pasado pero in the future ya os avanzo que matada de montar muebles en las vacaciones de Semana Santa, nosotros sí que sabemos lo que es la dolce vita y no los del anuncio del Martini xddd!!! ¿A quién se le habrá ocurrido comprar los muebles para montar a la hora de decorar la buhardilla que nos hemos reformado en la casa del pueblo? A la gilipollas de Aru como no. Para las vacaciones de verano os juro palabrita que me organizo un viaje o dos para mí y mis dos tesoritos de la leche!!!

lunes, 23 de marzo de 2009

Horas de sueño perdidas.

Perder horas de sueño ahora en este momento de mi vida es algo casi sagrado. Ni un buen libro, ni un ratito de cotilleo por internet, ni una cena con amigos, ni un capítulo de mi serie favorita, ni sexo, ni nada de nada, mirad que os digo. Dormir es mi prioridad y estar descansada por si la noche acaba siendo toledana es lo primero. Y es que como imaginaréis el único que me quita horas de sueño y el único al que se lo permito es mi hijo. Pero este sábado hice una excepción. Que las hago de tanto en tanto claro está. Pero son las menos, también tengo que decirlo. Y la excepción la hice por una de mis debilidades cinematográficas, mi adorado Clint Eastwood. No, no vi GRAN TORINO, aún no voy tan avanzada (Ethan como puedes comprobar jamás puedo llegar a tiempo a las discusiones cinéfilas de tu blog), vi EL INTERCAMBIO, sí estáis leyendo bien, ahora vivo cinematográficamente hablando seis meses atrás. Y sí valió la pena trasnochar hasta la una de la madrugada. Valió la pena y mucho. Sé que Eastwood es un director discutido. Estamos quienes lo veneramos y están también los que echan pestes de él. Como actor me cautiva y como realizador directamente me fascina. Yo no opino que cada película sea una obra maestra. Bajo ese calificativo sólo pondría a mi favorita, SIN PERDON, pero sí digo que para mí el resto de su filmografía es en gran parte buen cine. La historia de EL INTERCAMBIO en cualquier otro director habría acabado siendo un culebrón de sábado tarde en Antena 3. Pero él toma la historia, la acaricia, la mece, la transforma y de sus manos, sus ojos y su cámara sale cine de ese que me sorprende, me atrapa y nunca me deja indiferente. Ver una película de Clint Eastwood es para mí siempre un regalo.
Y en esta ocasión el regalo volvió a ser mayúsculo. Quedé conmocionada por la brutalidad de los hechos narrados, quedé a la merced del ritmo acelerado y desesperado que imprime Eastwood en cada plano, en cada diálogo, y al final, ese final, valga la renundancia, la esperanza. Un justo final. En definitiva Eastwood ha vuelto a demostrar que aunque tenga edad para jubilarse él sigue trabajando impecablemente para fortuna de todos los que le seguimos y demostrándonos que es un clásico, de esos que ya no quedan, de esos que yo personalmente jamás podré olvidar.

PD. Juan R. comentaba en mi anterior post la importancia del cine en su vida, el recordar momentos por ciertas películas, el recordar ciertas películas por las personas con las que las vió. Para mí el cine es punto y a parte. La música y la literatura son buenos amigos. El cine es mi amigo íntimo. Con eso creo que lo digo todo :)

viernes, 20 de marzo de 2009

See you soon my friend!

Hoy necesito escuchar música. Esta necesidad no significa que esté ni realmente bien ni realmente mal. A veces tengo que escuchar música sin más. Hoy con todo no he tenido un buen día. Me pasa lo mismo con la lectura. A veces simplemente necesito leer. Son momentos puntuales, o no tan puntuales. Lo curioso es que luego recuerdo esos momentos de mi vida por la música que escuchaba o por el libro que leía. Recuerdo la canción que no paraba de sonar en mi mente aquellos días en los que me enamoré perdidamente de mi chico, "Summer of 69" de Bryan Adams. Recuerdo que el libro que leía en el momento justo en que rompí aguas era "Las reliquias de la muerte" de, como no, J.K. Rowling. Recuerdo que en mi viaje a Madeira leí "El ocho" de Katherine Neville mientras tomaba el sol acompañada de este hombre tan maravilloso que hoy es el padre de mi hijo, y que el día que mis amigas por sorpresa me organizaron una despedida de soltera que yo insistentemente había prohibido organizar el DJ de turno acabó dedicándome "Discotheque" de U2 al punto de cerrar el garito en el que acabamos la noche. Recuerdo haberme aprendido de carrerilla "Pacto entre caballeros" media hora antes de acudir a mi segundo concierto de Joaquin Sabina para poder berrearla a conciencia con mis dos mejores amigas en aquellas ya lejanas fiestas del Pilar. Recuerdo recibir la noticia de que mi abuela paterna había muerto mientras leía "Anna Karenina" de Tolstoi. Hay tantos recuerdos ligados a palabras y notas que este post sería infinito. Hoy recordaré el día que tuve que despedirme de uno de los mejores compañeros de trabajo que he tenido cada vez que escuche esta canción con la que ahora es dejo y que resonaba en mi cabeza esta mañana al leer aquel mail que jamás olvidaré... hasta pronto!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Marzo.

Me gusta marzo. Me han pasado cosas muy buenas en marzo. También muy malas, para que engañarnos. Sonríe la primavera. Aunque a veces llueve muchísimo. El año pasado así fue. Yo y mi prominente barriguita de embarazada lo agradecimos. Tengo música de marzo. Tengo recuerdos de marzo. Huele a flores, a terracitas, a tardes largas, a cumpleaños de personas especiales, a largos paseos en buena compañía, huele a tantas cosas que me gustan y me hace sentir bien. Y en marzo encontramos un día como hoy. Hoy es el día del padre, hoy también es el santo de todos los José, hoy desde aquí me permito felicitarlos a todos y a alguno en especial. Tened un buen día!!!

viernes, 13 de marzo de 2009

¿Rutinas?

Si hay una cosa buena de los bebés es la rutina. Sagrada rutina. Una puede predecir con exactitud casi milimétrica lo que van a hacer. El mío es más rutinario que un lord inglés. Hasta cuando hace "popo" lo hace a su hora. Esto se cumple siempre y cuando no tengas algo que hacer en medio de sus rutinas y tú hayas previsto que éstas funcionen para que todo salga bien. Un ejemplo: tienes cita con el pediatra como ayer por la tarde. Piensas sobre las tres y media se duerme la siesta, a las cinco más o menos se despierta, le doy merienda, y después el paseito en lugar de encauzarlo al parque o al centro lo dirigimos al CAP, y así a las seis llegamos de sobra a la consulta médica. Esa es su rutina. Nunca falla. Mentira cochina!!! Claro que falla, falla cuando tienes una hora a la que llegar. El nene no se duerme, cuando lo hace lo hace tarde. Luego no se despierta. Mamá tiene que hacerlo. El peque se pone de mala leche. Mamá también. Merendamos un potito de frutas porque no nos da tiempo de ponernos a preparar un rica papilla casera. A regañadientes nos cambiamos a la velocidad de la luz. Salimos disparados de casa como si lleváramos al Challenger en esa parte de la anatomía humana donde la espalda pierde su nombre. Llegamos al CAP. El médico no pasa consulta. Una señorita "amabilísima" de recepción me dice que me han llamado pero que me encontraba ausente... ausente dicen qué graciosa. Como el nene tiene mucho resfriado pido que me pongan en la lista de incidencias, ahora no se llama urgencias, modernidades!! Nos sentamos, tomo aliento, y entonces le veo esa carita tan peculiar que pone cuando se va patas abajo. Bufff pero si tú nunca haces "popó" a estas horas "darling". Pues bueno hoy sí. Corre, corre a casa de la abuela que vive a un tiro de piedra del CAP. A la velocidad de la luz le cambio y salgo volando de nuevo. En el camino me encuentro tres conocidos o más que me paran para ver lo guapo que crece mi niño. Quedo fatal al salir de estámpida aludiendo que tengo mucha prisa. Llego a la consulta justo en el minuto en el que el médico pronuncia el nombre de mi hijo. Entramos. No me dice nada nuevo. Sácale los moquitos varias veces al día y si tiene fiebre dale Apiretal. Para esto mil años de medicina. En fin cabreada me voy. Qué tarde! Miro a mi hijo que me sonrie desde el carro y le digo a él y a mí misma, por tí esto y muchísimo más amor!!!!

lunes, 9 de marzo de 2009

365, 364, 363,...

Hay momentos del año especiales, momentos que se repiten una y otra vez, con una periodicidad más o menos constante, y que una siempre los espera con más ilusión que menos. Ejemplos los hay a patadas: mi cumpleaños, que aunque indica que irremediablemente me hago vieja, este año ya caen 33, uffff, sigue haciéndome ilusión; el estreno de la peli de turno de mi adorado Woody Allen cada otoño, aunque éste 2008 y como excepción no pude acudir a ver su mirada barcelonesa de las Vickys y las Cristinas, y de hecho aún ahora y tras haber ganado Pe su Oscar tengo pendiente el visionado; etc. etc. Pero hoy quiero hablaros de uno en concreto, mi primer paseo junto al mar de la temporada. Vivo a un tiro de piedra de la playa (no más de 20 km) y la verdad es que podría hacer ese paseo cada domingo si me lo propusiera, pero la verdad es que en invierno (y eso que me parece preciosa en esa época del año) no tengo costumbre de ir a caminar por allí, suelo quedarme en mi ciudad y pasear por el parque que tengo enfrente de casa o por el centro. Así que ese momento concreto del primer paseo de la temporada lo reservo para cuando llega el buen tiempo, y más concretamente para el primer domingo con sol después del largo, lluvioso, ventoso y frío invierno que hemos sufrido este año. Ese momento en esta ocasión fue ayer. Era un domingo maravilloso y soleado y ésta vez lo disfruté como ya lo hice el verano pasado con mi niño. Ahora ya espero ansiosa nuestro primer día de playa. Con lo bien que nos lo pasamos cada sábado en la piscina ya imagino que nuestra primera jornada playera será también muy especial. El año pasado con mi maternidad tan reciente no pude ni darme un mísero bañito y por eso imagino me hace tanta ilusión que llegue el buen tiempo ya. Palabrita que os lo contaré.

martes, 3 de marzo de 2009

Have you ever seen the rain?

Una se pone en plan bucólico cuando llega a cualquier pueblecito de montaña rodeado de naturaleza en estado puro. Un hotelito con encanto, muy familiar, muy coqueto y con todo tipo de comodidades que incluyen piscina climatizada y jacuzzi, vaya que lo de volver a los orígenes y tal y tal nos lo pasamos por el forro porque claro si salimos de casa es para estar bien, que sino no salimos. Que para dormir en un albergue de montaña sin calefacción y sin un colchón mullido pues que no hacemos ni un kilómetro de más, vamos, esa es la filosofía, de espíritu aventurero "na de na". Así que nos ponemos a hacer turismo rural pero en plan como diria mi tía Maria Luisa "aseado".
Antes de llegar a nuestro destino paramos a comer en un lindo pueblecito y de paso aprovechamos el sol de la magnífica mañana de sábado para darle la comida al peque en un coqueto parque infantil. Respiramos aire puro y tragamos alguna mosca que el calor aprieta aunque estemos a cierta altitud y finiquitando el mes de febrero. Después encontramos mesa en un restaurante cercano donde nos sirven una pasta fresca al foie y una ensalada con una reducción balsámica muy poco "de la abuela" que digamos. Pagamos la "dolorosa" con rectitud y retomamos la marcha tras hacer un poquito de turismo por el casco antiguo del lugar que se resume en la plaza de la iglesia básicamente. Eso sí una iglesia con un campanario románico la mar de bonito.
La llegada al hotel no nos cuesta mucho, hoy en día con vias michelines y gps varios, casi es delito perderse para llegar a un destino nuevo. Descargamos equipaje, merendamos y nos ponemos el bañador, la piscina climatizada del hotel nos espera. Jugamos y nos reimos los tres un buen rato y después sin mucha dilación llega la hora de la cena. Horario infantil claro está y a las diez todos planchando sábanas como marmotas.
Por la mañana el gallo, digo nuestro niño, canta temprano así que como quien madruga Dios le ayuda, allá que nos ponemos a madrugar bien madrugados y si llegamos los primeros al buffet del desayuno pues igual nos dan premio y todo. Los alrededores del hotel son ideales para airearse así que un paseo matutino es lo mejor para bajar las tostadas de pan de pages con embutidos de la zona que nos hemos metido entre pecho y espalda. Pero la lluvia amenaza y tampoco es cuestión de calarse hasta los huesos y menos con nuestro niño de acompañante aunque él va de maravilla en su carro, con su saquito y su funda de plástico protectora, calentito, calentito, mirando con ojos alucinados tantas cosas nuevas por descubrir. Cancelamos el paseo y nos dirigimos a la habitación. Un fuerte olor a barbacoa nos invade al entrar en nuestro edificio. Los empleados del hotel preparan una calçotada unos metros más abajo en una esquina del inmenso jardín, aunque no son ni las once de la mañana, qué malos son los calçots fríos, no sé si lo sabrán los incautos que se hayan apuntado a tal festín.
Sobre las doce abandonamos el hotel con la esperanza de que la lluvia amaine y aún podamos visitar algún que otro pueblo más de vuelta a casa. Pero aunque ésta da una tregua a la llegada de nuestro siguiente destino, la visita tiene que ser de nuevo corta por la interrupción de más agua caída del cielo y ya al final decidimos regresar a casa. Comemos ya a medio camino y sin darnos cuenta empezamos a tener morriña de ese viaje. Tantos días ilusionados con él y ya se ha acabado. Breve pero intenso. Repetiremos, si nada lo impide claro. Eso sí trataremos de buscar más sol, que es lo que nos ha faltado.